EvaVita

Cerámica y pintura de la Vita.


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Si se quedó sin gasolina, si lo atracaron en la esquina, si le clavaron hondo en el alma una espina…

A todos nos ha pasado que a veces nos levantamos que nos comemos el mundo y otras que sentimos que el mundo nos ha tragado.

Y conforme a eso también elegimos el vestir, si feliz: rojo, verde, amarilllo, rosa… Todo sienta bien cuando uno despierta así, ni colorete hace falta que ya está la cara por sí sola rosada. Ahora, que el día te amaneció revirado… gris, negro, marrón, oscuro morado, pantalón ancho o tejano. Así de claro.

Pero aunque seamos conscientes de esto, no siempre hacemos algo por cambiar esos días (de los “días perros” hablo, que de los buenos, no, a esos ni tocarlos!). Y, ojo, hay mucho que se puede hacer, que sí, que yo no soy quién para dar consejos, pero lo que yo hago aquí os lo dejo.

Se puede hacer una delicada por delgada jarra de barro. Y ver entre tus dedos cómo algo que parece que a cada nuevo pellizco de barro se va a caer, no lo hace, si no que aguanta, y no sólo aguanta, si no que se crece y embellece. Con cuidado, pero ahí vamos. Que te sientas a veces jarra está más que aceptado.

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También se puede, ya que uno no sabe en esos días elegir el color que le conviene, recurrir a lo suyo, al color de cada uno que para eso desde pequeños nos preguntan que qué color te gusta más, para en estos momentos tener un comodín recurrente que usar.

Azul. Yo siempre me quedo con el azul. Y no me falla, si no, dímelo tú:

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El día ha sido currado para pasarlo de un marrón ceniza a un azul brillante craquelado que deja al ser más triste del mundo ¡feliz y enamorado!

¡Ah!, perdón, un detalle ha faltado, la banda sonora de fondo este día ha sido de Aterciopelados.

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“¿La felicidad?, ¿la felicidad? ¡ay!, la felicidad es tan chiquita que cabe en una cajita”.

“¿La felicidad?, ¿la felicidad? ¡ay!, la felicidad es tan chiquita que cabe en una cajita”.

Recuerdo haber escuchado a más de una persona que, con interjección o sin ella, opinaban de esta manera al hablar de la felicidad. Y es algo que nunca entendí. Lo de que la felicidad quepa en una cajita, sí, que no soy tan dura de entendederas, si es inmaterial la puedes guardar donde quieras, ¡claro está! Pero, lo que nunca entendí, es que si cabe en algo así, ¿por qué no todo el mundo tiene una cajita de la felicidad para que cuando esté triste la pueda abrir y así ponerse de nuevo feliz?.

A veces los humanos somos lentos de resolución… Un montón. Eso fue algo que se me quedó grabado pero ¡hasta aquí hemos llegado!

Os presento las cajitas de la ¡Feliz Vita!, testadas sentimentalmente y a prueba de malos rollos. Y a partir de ahora aquí no se guarda nada, porque cada vez que se levanta la tapa sale un chorro de felicidad a tu cara, disparada. No me des las gracias, de nada.

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Lijadas, diseñadas, pintadas a mano alzada y disfrutadas una a una. Porque no hay ninguna que sea igual a otra, porque no hay felicidad que sea igual para dos personas, porque cuando a algo se le pone ilusión no se tiene por qué hacer con plantillas ni al montón, de una en una y con amor, sale mejor.

Y si queréis ver que de verdad es así el proceso, yo os lo enseño:

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Así que ya sabéis, si alguna queréis, aquí me tenéis.

Mientras tanto, Feliz Vita… Happiness!

Cada persona es única, cada amor… Y cada regalito también ♥

Esto que estoy haciendo es experimentación, porque no tengo ni idea de cómo compartir a la inversa, pero bueno, a ver qué sale…

La intención es que veáis unos retratos que he hecho de alguna gente guapa que me rodea 🙂

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Están pintados totalmente a mano y simulan la técnica de grabados pero se realiza mediante reservas y lavados de tinta, como podéis ver, ciertamente se parecen bastante a los grabados pero con un toque chic chachi piruli que da un resultado muy original y molón, al menos a mi me lo parece.

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Hay que reconocer que tener modelos taaan guapas y guapos, hace de ayuda…

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No se hacen copias, es imposible, cada uno es UNO DE UNO (1/1) y no son exactos, son ÚNICOS, como única la persona a la que se le regale. AMOR total.

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Me ha dicho un pajarito que se emocionó al abrir el regalo que sus amigos le habían hecho, que casi lagrimillas le caen, de alegría, claro! Que aquí sólo damos de esas! Muy tierna la bella Julia y su copa de vino:

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Así que si queréis sorprender a alguien especial, ¡aquí me tenéis!

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!Arriba los corazones!


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Como el agua clara que baja del monte…

Cuerda Seca es pintar y cantar . Y esto tiene, para mi, su perfecta explicación. La Cuerda Seca, como ya se sabe, es una técnica pictórica usada para decorar la cerámica. Pintar y cantar, de verdad.

Es factible pensar que esto pase por venir del sur, de Al-Andalus. La Cuerda Seca y yo, las dos.

Además, yo esto firmemente lo creo, la cuerda que usaban para que no se mezclen los colores no era otra cuerda que cuerda de guitarra. Arsa.

Pintar y cantar, de verdad. Que lo de “seca” no viene de otra cosa que de tanto cantar y pintar, y pintar y cantar y cantar, la boca seca se ha de quedar.

Pues, ea! niña, el agua clara a pintar!

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Y para no quedarse sin aliento, pinta viento, pinta viento!

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Azulejos en barro, vacíos, planos. Colores que se mezclan, cobalto aquí, cobre allá, fundente G, tralará. Y la mano del pincel que gira como la de una bailaora poniéndose, por bulerías, de al revés.

Lo que decía, la Cuerda Seca, pintar y cantar. Como el agua de claro, la cuerda seca me ha enamorado.

Y si alguien no se cree, esta mi explicación, que venga y me cuente una mejor  😉

Agradecimientos por la inspiración:


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Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco (temazo de regalo incluido)

No hay un lago negro
hay un lago blanco, hay un lago blanco
Hay un lago inmenso lleno de fango, lleno de fango
No hay silencio negro, ni llanto blanco, ni llanto blanco
hay solamente silencio y llanto, silencio y llanto
No hay campo negro, hay campo blanco, hay campo blanco
hay un campo inmenso para sembrarlo, para sembrarlo
no hay quejido negro, ni canto blanco, ni canto blanco
hay solamente quejido y canto, quejido y canto, (laralaaa)
Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco
que se van hiriendo
que se van besando
alegría y llanto
Laralaaa (…)

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Alguien me dijo: “yo quiero las flores de mi vida en mi casa”

“Si tú me las pintas, yo te contrato”.

Y es que ella lo tenía clarísimo, tenían que ser amapolas, girasoles y trigo. Y gracias, porque muchas veces (eso lo sabemos todos) lo más difícil para llegar a hacer algo es justamente saber qué queremos hacer.

Amapolas, girasoles y trigo. Venga.

Veamos. Bocetos, elige el tipo que más te guste. Medidas de los cuartos, ¿medidas de las flores? del suelo al techo, lo veo. Y con qué… Acrílico, brillo, colores fuertes. De arriba a abajo, escalera. Brochas grandes y suaves, que no dejen marca. Me encanta la idea, ojalá sea capaz de plasmarla tan bonita como la veo en mi cabeza. Y, aunque eso es complicado, nos gustó el resultado:

El mural del cuarto de la peque, sus amapolas y girasol. ¡A reír, flor!

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Tochos o azulejos de Aristas

El tocho o azulejo de arista es original de Sevilla y nació de la evolución de la llamada técnica de Cuerda Seca de la que también hablaremos en otro momento.

Para este tipo de azulejos, se necesita un molde (antes eran de madera o metálicos pero a día de hoy suelen ser de escayola) en el se talla en negativo el dibujo (geométrico o floral, generalmente) y del que se obtendrán los tochos de barro con las aristas en positivo tras el apretón del barro en el molde.

El hecho de que se le llame tocho (se usa más que “azulejo” para referirse a ellos) viene dado del grosor necesario para poder hacerlos de forma segura y que es muestra de su autenticidad y artesanía. Este grosor es bastante mayor que el de un azulejo normal, hasta el punto de llegar a ser algo tosco… de ahí: tocho.

Molde de escayola para tochos de aristas:

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